lunes, 24 de diciembre de 2012

Feliz Navidad... ¡Compra a artesanos y pequeños comercios!

Llega otra vez esta época del año. Y aunque hace tiempo era una de mis fiestas favoritas, creo que la vida en común con mi francés poco adepto a las celebraciones familiares y a las fechas significativas ha hecho que la cosa vaya perdiendo gracia para mi. O será la edad, la falta de magia, o el consumismo que veo pese a la crisis. No lo sé. 

Aún así, sí me gusta aprovechar la ocasión en la que todos celebran para dar besos, mandar abrazos, recuerdos y mi cariño de siempre. 


Esta vez tengo una necesidad más. Pese a que no puedo unirme a lo que me propone La Orquídea Dichosa en su blog, de #yoregalotrabajo, sí quiero aprovechar para mencionar pequeñas tiendas, artesanos y amigos que hacen cosas preciosas que me gustaría que la gente compre en estas fiestas (y más adelante también) y que el "consumismo navideño" beneficie a alguien. 

Aquí mi lista de favoritos. Lamento que sea sin foto, pero este post lo estoy escribiendo diez días después de parida, después de una mala noche, y junto a mi hija mayor que hace un puzzle conmigo. 

Como decía, entonces, mis favoritos:
La niña sin nombre y sus preciosísimas láminas.
Las chicas de Lanoa, en especial
los muñecos de Chiribambola,
los amigurumis de la querida Tarsa,
la ropita de bebé de Latiti, que me parece una monada.
Además, me encantan las tazas de La madre novata.
Las telas que tiene Love&telas.
Las postales de acuarela de Isabella Subaquatica, de las que ya hablé aquí alguna vez, y que son un lujo absoluto.
Y los complementos japoneses de Kee-mono.
Las espectaculares tartas de Dolce Mami.

En Holanda, los cuadros de Lucía Contreras,

Y, cruzando el charco... En Perú, tienes las cosas bellas (bolsas, entre otras cosas) de Cocholate.
A la gente de Desfranquiciados, con mis favoritos Ana Gabriela Alvarado, Mari Gho Art y Gabriel García-Rosell, que tiene unas camisetas geniales en Mbo.
Y los cupcakes y dulces de Cupcakes Marconi

Una vez terminada mi lista (en la que seguro olvido a muchos), quería desear unas muy felices fiestas a todos, y que tengan una Navidad llena de amor.
Muchos besos.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Turrón/tarta chocolate, nueces y coco

Esta fue, durante mi adolescencia, mi receta estrella. Hacía esta especie de turrón/tarta, para  todo tipo de ocasión. Se hizo tan famosa que algunas amigas de mi madre me pedían que se las hiciera para llevar a cenas o compromisos varios que tenían, porque les gustaba más llevar algo rico y casero que algo típico de pastelería. 

La saqué de un recetario americano, que venía con la compra de una lata de leche condensada (que sabe dios dónde habrá ido a parar), de los 80. El asunto es que con el tiempo fui variando la receta para mejorarla, y mi vanidad me hacía imposible compartir esos cambios... Terrible confesión: era tan egoísta que daba la receta original, para asegurarme de que a nadie le quedase la tarta tan rica como a mí. ¿Quién hubiera pensado en ese momento que iba a terminar con un blog compartiendo todos mis trucos? 

Ahora, que ya soy "adulta", bloguera, y más cosas, comparto, MI receta, con las variaciones y todo. 

Aquí está mi turrón/tarta de chocolate, nueces y coco.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Mi Nonabox de noviembre

¡Llegó mi Nonabox de noviembre! Y, como siempre, llena de cositas interesantes.


Entre las cosas que llegaron, esta vez hubo cosas para mi enano, mi hija y para mi.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Hay alguien nuevo en casa

Efectivamente,


Es Sebastián,


3 kilos 500. Un clon masculino y "clarito" de la mayor (mi hija nació muy morena). Guapo a rabiar, como su hermana.

El enano, que se hizo esperar y desear, nació 4 días después de la fecha "prevista".

Fue un parto rápido. Muy rápido, y un poco de sorpresivo. Fuimos al hospital para "ver" qué me decían y con la sensación de que estaría de vuelta en casa, por falsa alarma, una hora después. Es verdad que me estuve sintiendo "rara" todo el día, pero me he sentido "rara", de una forma u otra, todo el embarazo. Esta vez no fue como con mi primer parto, en el que tuve clarísimo cuándo era "el" momento de ir porque mi hija había decidido nacer.

Salimos de casa cuando yo llevaba casi una hora con contracciones cada 9 minutos, 6 minutos, 3 minutos, otra vez 6, otra vez 9. "Mejor vamos, para quitarnos las dudas". Eran las 8.30pm,  y mi hija se quedó con una querida amiga que estaba "de guardia" con nosotros en caso de tener que salir "corriendo". Las chicas se quedaron viendo Dora mientras esperaban  a que llegasen los abuelos desde Salamanca.

En el hospital me confirmaron que estaba de parto, con 2 de dilatación, y que me quedaba. Me puse el camisón, mandé mi Tuit glamouroso, me pusieron las vías y el monitor. Una hora así: contracciones cada 6 minutos, 4, 7, 8... que empezaban a ser más espaciadas y más dolorosas. "Con ésta has llegado a 95..." decía mi marido. "Esta ha sido la más larga...". Y yo con ganas de irme a casa y dormir.

La matrona entró a decir que iba a ponerme oxitocina, porque la cosa se estaba ralentizando y que si seguíamos así no iba a dilatar jamás. En ese momento recordé a todas las amigas que me habían dicho que con la oxitocina las contracciones dolían más. En efecto, a mí me empezaron a doler cada vez más, y se iban regularizando... cada cuatro minutos, otros cuatro. "Una pausa que quiero ir al baño, dije". La matrona quiso confirmar cómo iba de dilatación antes de dejarme entrar al baño... "por las dudas". Iba en 4 centímetros. Y el dolor me estaba matando. "¿Vas a querer la epidural ahora?". Momento de duda. Mi temor era que me la pusieran y se detuviera el parto. Fui al baño. Contracción. Salí del baño, caminé un poco, tuve tres contracciones más y a la tercera le dije a mi marido que saliera a buscar a la matrona y a la anestesista: que me pusieran la epidural, que si se me cortaba el parto me daba igual, que sacaran al bicho como fuese. Las contracciones del primer parto no me habían dolido así. Había resistido más. Esta vez ya no podía.

Así llegó el momento epidural, que detesté la primera vez. Ahora me pareció desagradable. Yo necesitaba una mano "amiga" conmigo, y tenía a una enfermera de mala leche y con voz de camionero junto a mí. No servía de mano amiga.

Según la anestesista, la epidural iba a empezar a hacer efecto en dos contracciones más. Esas dos contracciones después, la cosa iba mejor, pero el lado derecho me dolía todavía mucho. Como con mi primer parto. Le pregunté a la matrona si podía ponerme de lado para que la anestesia hiciera efecto: "no, primero deja que vea cómo vas de dilatación para ver si puedes ponerte de lado"... Matrona con cara rara... "estás de 6 centímetros, pero en las contracciones (en las que yo veía a Judas calato, como se dice en Perú) te pones en 9... Esperamos tres contracciones para que empieces a empujar y bajemos la cabeza antes de entrar al paritorio". ¿Cómo? ¿Qué fue lo que dijo la mujer esa? ¿Que ya? Sí, era que ya... que tenía que empezar a empujar, y yo con medio cuerpo casi sin epidural.

"Cógete las piernas y, cuando te avise, empujas". Y así, empujé dos veces, y mandaron a mi marido a ponerse la ropa de quirófano. Entró el celador, y me llevó al paritorio. El mismo donde había nacido mi hija mayor. Donde me la "sacaron" porque yo no había sentido nada de nada y no había podido empujar. Algo me decía que esta vez sí lo iba a sentir.

Por suerte la ginecóloga que me tocó (no era la mia, si no la que estaba de guardia) me pareció de lo más amable; no como la primera vez ahi. Me saludó, me dijo que ella me iba a ayudar a que naciera mi hijo. Y que me iba a avisar cuándo empujar. Que cuando sintiera ganas de pujar que le avisara yo también a ella. Y así, "ahora, empuja". Y "cambia el aire, vuelve a empujar". Así tres veces. Me preguntó si quería poner la mano para tocar la cabeza. Y yo sólo quería que terminara todo eso, porque no me había hecho a la idea de que iba a parir y de que efectivamente estaba pariendo. Y un último empujón... "mira quién está aquí". Oí el llantito y lo ví. Eran las 00,21 y ya estaba gritando a rabiar. Me lo pusieron encima, me cosieron el "desgarrito" que tenía. Esta vez sin episotomía, pero con puntos igualmente ("poquitos", dijo la doctora). Se nota la diferencia.

Han cambiado el protocolo del hospital: la primera vez se llevaron a mi hija nada más nacer y no pude casi verla. Me la "devolvieron después de hacerle pruebas y perrerías. Tres años más tarde dejaron a Sebastián encima mío todo el tiempo. Lo pesaron dos horas más tarde, ya en la habitación, junto a mí. Me alegro de ese cambio, y lo agradezco.

Ahora ya estamos en casa. Pensé que con el segundo no tendría las preocupaciones de "primeriza" que tuve con la mayor. Pero las tengo. Y agravadas. Este tampoco es un entusiasta de la comida y, aunque no lo desperté al principio (porque me parecía una forma cruel de tortura al niño y a los padres), estoy empezando a hacerlo. Creí también que, por haber dado el pecho 22 meses a la primera, ser seguidora de Carlos González y asesora y consejera de lactancia de amigas varias, con el segundo sería un coser y cantar. Pero no lo está siendo. El niño se engancha mal, se cansa y prefiere dormir. Y yo me torturo viendo que no hay lo que creo que son pañales mojados suficientes, o cacas necesarias para creer que está bien alimentado.

Además de todo, quiero estar más tiempo con la mayor y ella quiere estar con su hermanito, pero desde que hemos llegado, la pobre está con una horrible tos (ayer en urgencias) y se me parte el alma al ver que los tenemos que mantener completamente separados en este momento en el que deberían estar "conociéndose".

Pese a todo, a mi corazón medio partido, a mis dudas y mis miedos, hay alguien nuevo en casa. Ahora somos 4, y los 3 integrantes originales de esta familia estamos todos enamorados de él.


jueves, 13 de diciembre de 2012

¡Me entrevistan!

Hoy ha salido publicada mi primera entrevista, en el precioso blog de Verónika, de Sin Prepación alguna. 


 ¡Mil gracias, guapa!

martes, 11 de diciembre de 2012

Llegó mi regalo del madresférico invisible

No me lo esperaba tan pronto, la verdad. Pero esta tarde, llegando a casa, me entregó el portero un paquetito. ¡Mi regalo del madresférico invisible! 

Lo divertido es que justo hace un par de días habiamos estado tuiteando del tema con unas chicas locas que conozco por ahí (La Desmadre, Una mamá práctica, Y entonces llegó el caos...): ¿Es mejor hacer algo a mano o regalar algo comprado? 

Yo decía, entre bromas, que antes que recibir un marco de fotos hecho de palitos de helado, prefería algo comprado. Y creo que tenía toda la razón del mundo. Especialmente cuando un regalo puede venir con tanto cariño y tan bien pensado como este, que viene de parte de Mamá con la L:

Por un lado, me mandó un muffin para colgar del árbol de Navidad (que ya encontró su sitio),  


Y un archivador de recetas (increíble, ¡pero no tenía uno!), para que guarde mis recetas y se las pueda pasar a mis hijos en el futuro.


Pero lo más bonito de todo y lo que hace especial el regalo, es que dentro del archivador de recetas había una carta de lo más cariñosa y una receta de tarta de manzanas de la abuela Julia, que, si me deja mi amiga invisible, tendré que probar y colgar algún día aquí en el blog. 

¡Mil gracias, Esther, por la sorpresa y por el cariño!

Y ¡Felices Fiestas!

domingo, 9 de diciembre de 2012

Una bolsa de semillas para el dolor

Este es mi regalo para el Madresférico invisible, es decir, el amigo invisible entre blogueras organizado por Madresfera. Como pedían que intentásemos que fuese algo hecho a mano, decidí aprovechar la ocasión, y el frío, para hacer una de estas bolsitas de semillas/granos de la que llevo tiempo con ganas de hacer un tutorial. 

¿Para qué sirven? Para aliviar dolores, ya sea dejando en el congelador/freezer, y darte frío en la zona afectada o poniendo la bolsa en el microondas y darte así calorcito. O incluso en lugar de bolsa de agua caliente, para calentar un poco la cama antes de acostarse.

Aquí está mi tutorial para hacer una bolsita de semillas/granos con funda:

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Disfraz ayudante de Papá Noel

Soy un poco loca. Lo sé. Y a diferencia de algunas madres que conozco (sí, Olga guapa, estoy hablando de tí...), no sólo no huyo ante la ocasión, si no que cualquier fiesta escolar de mi hija me sirve de excusa para hacerle un disfraz. Lo curioso es que en el cole al que va ella no hay la típica actuación navideña con pastores, nacimiento y esas cosas, si no, simplemente una fiesta a la que cada niño puede ir como quiera. Esto significa que, usualmente, todas las niñas van de princesa y todos los niños de spider-man o pirata. 

Pero además de loca en general y por la costura en particular, soy una madre rara y quiero que mi hija vaya con algo un poco más original (si esto puede llamarse así) y diferente a las demás, pero al mismo tiempo bonito y, de ser posible, hecho por mi. Para la fiesta de este año tenemos un disfraz de ayudante de Papá Noel. 



















domingo, 2 de diciembre de 2012

Mis amigas de Costa Rica

He vivido en distintos países y, me siento un poquito de cada lugar. Pero, como digo en mi presentación, creo que lo que soy se lo debo a cada una de las personas que han sido parte de mi vida. 

Cada 2 de diciembre, recuerdo con especial cariño a mis amigas de Costa Rica. Hoy se cumplen 24 años de mi partida. Y es una fecha que me quedó muy marcada, quizás porque fue la primera vez que sufrí ese dolor de tener que irme, y que volví a sentir luego tantas veces. Ese desgarro de la partida: El no saber si nos volveríamos a ver alguna vez. Con la única certeza de que las cosas nunca volverían a ser como en ese momento. 

Estas son las chicas a las que dejé, mis queridas amigas: Pila, Lucy, Paula, María Nela y Chana (Roxana), el día de una graduación en la que yo no pude estar.


Y es que cuando me fui de Costa Rica, con 13 años, eran otras épocas. No existía internet, "mail" era "correo" en inglés, y Facebook era algo inimaginable.

Las cartas que nos mandábamos eran cartas de verdad. Escritas a mano, de varias páginas, con fotos que teniamos que devolvernos (alguna jamás devolví -perdón, Chanilla-), y con dibujos, colores, y estampillas (sellos). Unas cartas de las de verdad, que llegaban cada semana, llenas de noticias y de amor. Todas esas cartas están guardadas en una caja en el lugar más estable que conozco: la casa de mi padre.

Y tengo muchísimas fotos que ilustran mis recuerdos, pero no sé si a mis amigas les gustará que las muestre "en público", así es que me las guardo. Muestro sólo esta, que resume, para mi, lo bien que lo pasábamos, y que tiene, además, las letras de nuestras cartas enviadas y dentro de las cuales viajó "impresas" sobre la gelatina fotográfica. 


Pero hay recuerdos sin fotos, pero tan grabados en mi ser: El olor a césped (grass) recién cortado me transporta al colegio donde estudiábamos. Los caramelos Halls de cereza hacen que quiera combinarlos con papas fritas (sí, lo que leen), y mandarle papelitos a mis amigas de una mesa a otra en clase. 

El tiempo ha pasado, e increiblemente hemos mantenido el contacto. Es cierto que internet, el correo electrónico, y Facebook han ayudado mucho. Skype ayuda también bastante e incluso, si hay algún problema (el último terremoto en CR) puedo preguntarle a Paula si están todos bien a través de Whastapp. 

Mis amigas han crecido. Varias han viajado y se han movido casi tanto como yo. Han cambiado: Pila es profesora, Paula es médico. Lucy es fotógrafa, productora de cine. María Nela tiene un centro de yoga. Mi Chana querida es chef repostera, pero de las de verdad. También tengo un lugar especial en el corazón para Kayleen, Ana Lucía G y Esteban, que, aunque no eran tan cercanos, siguen siendo parte de mi vida. 

Con mis amigas no nos hemos vuelto a ver desde el reencuentro en Costa Rica hace casi 17 años. Pero seguimos en contacto. Seguimos ahi, y siguen siendo parte de mi. 


Un beso grande para todas, a las que recuerdo siempre con el mismo cariño. Más aún hoy, 2 de diciembre. 
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